El viejo autobús deja rugir su motor en un último esfuerzo por recortar la última curva de la carretera que asciende hasta la ciudad de las tres religiones. Tras franquear una pequeña colina repentinamente se muestra una postal que muestra las defensas amuralladas de la ciudad, la cúpula dorada de la mezquita de Al Aqsa, y la esbelta torre de la casa de los franciscanos cuyo reloj ha marcado desde siempre el ritmo de la ciudad. La mezquita, el Santo Sepulcro y el Muro de las Lamentaciones resumen la intrincada vida de Jerusalén,  la ciudad más compleja y fascinante del mundo.

107 Panorámica Mte Olivos

Sus murallas dejan entrever una ciudad abigarrada, de barrios excluyentes pero que forman parte de la misma realidad y, sobre la que por encima del resto, de forma obstinada, luce esplendida la cúpula dorada de la Mezquita de AlAqsa. Jerusalén es la ciudad que por derecho propio guarda el alma de la humanidad: Para los judíos el templo sagrado de David; para los cristianos, el lugar donde Cristo murió y resucitó y para los musulmanes, la roca desde la que Mahoma ascendió a los cielos. En el inmenso planeta Tierra, en solo unos metros cuadrados se reúnen mística y santidad a partes iguales y fluye un aura mágica que transforma un viaje más, en una retrospectiva interior personal.

143 Banquillo Real Madrid en Via Dolorosa

Levitas y tirabuzones tocados con ‘kipás’ oran solemnemente junto al Muro, detrás; otros lo hacen postrados hacia el Este y más allá, de rodillas, otros rezan de forma recogida  sobre el Santo Sepulcro.  Los cuatro barrios del Jerusalén antiguo mantienen el equilibrio largamente sostenido. Las calles sinuosas del barrio cristiano. Bullicioso y más desordenado el barrio árabe. Armónico y amable el armenio, y ordenado y limpio el barrio judío.

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Puede tomar un café y disfrutar de las vistas sobre la ciudad en el hospicio austriaco. En el mercado de Yehuda, en Rachmo, se puede comenzar con un buen mezze, ese término que comparten todas las cocinas del Medio Oriente y que sirve para englobar una serie de platillos que a modo de entrante se comparten en todas las comidas. En el mismo mercado de Ben Yehuda  Azura, un pequeño restaurante cuya cocina de Oriente Medio (iraquí, kurda y sefardí) es uno de esos secretos mejor guardados de los locales para comer buena cocina autóctona, como las albóndigas en salsa de tomate, y los dumplings rellenos de casi cualquier cosa. El humus del pequeño restaurante Lina, en el barrio cristiano, suscita el acuerdo de la mayoría como uno de los mejores de la ciudad. El chef Ezra Keden, en su restaurante Arcadia explota los sabores de los productos de la tierra: Lechal, gnocchi de patata relleno de gambas, calamar y tomate; y un buen pescado  local.

Viajes, Jerusalén

Kadosh es muy popular por su buen café y mejor repostería y para cuando el sol comience a ponerse tras las murallas, acérquese a tomar una copa al hotel American Colony, donde suele acudir una importante representación del cuerpo diplomático y la prensa internacional con corresponsalía en la capital espiritual del mundo.

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