Cuando llega el invierno y el frío y la bruma se dejan posar sobre las piedras recias, monumentales y elegantes que hablan con rotundidad y sin complejos del que probablemente es el casco histórico más bonito de España, Cáceres, redobla su encanto. Una vieja ciudad amurallada de piedra que habla de su pasado y nobleza, de estrechas y empinadas calles de adoquín, de casonas palaciegas, de ermitas y catedrales que esconden intramuros uno de los mejores hoteles de España: Atrio, un Relaix Chateaux de estilo y gusto excelso,  de gastronomía delicada y armónica y de valiosa e impactante bodega.

En este tiempo del año Cáceres asume un perfil más propio de una ciudad fantástica, de un Camelot, de una ciudad perdida y de ensueño que guarda y protege sus encantos escondidos de las miradas ajenas, tras la fina capa de bruma que cala tras la muralla almohade guarda y conserva siglos de historia grandiosa.

Cáceres

Cáceres es el epicentro de una miríada de productos gastronómicos exquisitos con Denominación de Origen: rica, dulce y untuosa miel de Villuercas-Ibores, el caviar de las abejas, tal y como una vez la definió Ramón Freixa. Incomparable la Torta del Casar, y el queso de los Ibores. Qué decir del cerdo ibérico, el cordero y la ternera que pastan en las dehesas, uno de los paisajes más propios, abiertos y extensos de nuestra geografía. Buen vino blanco de la Ribera del Guadiana y magnífico aceite de oliva virgen extra de Gata Hurdes, el tomate miajadeño y, como no, el pimentón de la Vera y la popular, rica y potente patatera.

A un costado de la gran Plaza Mayor de la ciudad se encuentra el restaurante El Corregidor, del chef Francis Refolio, que no solo se ocupa y preocupa de utilizar buen producto autóctono en su cocina, sino que promueve y embotella un gran aceite de oliva y un excelente vino, que probamos mientras esperábamos los platos.  Nos gustó un tinto embotellado bajo la etiqueta de La Macera, un vino de un coupage de garnacha, shyraz y cabernet sauvingon, bien evolucionado y redondo en la boca.

Del aceite de oliva nos quedamos con un ‘Cigüeña Negra’ ligeramente dulce, frutado y picante pero equilibrado.  Unas estupendas migas de pastor con huevo de granja y un cochinillo que hacen durante horas a baja temperatura para servirlo delicadamente tierno y crujiente. De postre el coulant de chocolate muy rico.

De noche déjense caer por Maestro Piero, un lugar distendido de buenas tapas de autor y raciones en donde podemos prolongar la velada con unas copas en su terraza interior.

Y de vuelta a Madrid es paso obligado una visita al Santuario de Guadalupe, majestuoso e imponente, además de ser la excusa perfecta para detenerse en el camino y perder la vista admirando los valles verdes y extensos que se despliegan a los pies de las Bodegas Ruiz Torres. No debes dejar de aprovechar la oportunidad de adquirir un par de cajas de dos buenos vinos: un Attelea, un vino blanco joven de Ribera del Guadiana de uva Macabeo y, un gran tinto de uva Syrah cosecha 2008.

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