Se puede decir que Madrid aparece en escena, se estrena en el panorama internacional, cuando se abre el primer gran hotel, el hotel Ritz, enseña de la elegancia y el lujo que imperaba en los primeros años del siglo XX. Fue por impulso del rey Alfonso XIII que consciente del retraso que tenía Madrid frente a otras grandes capitales europeas, y que adolecía de establecimientos adecuados para alojar a la floreciente burguesía y la aristocracia del viejo continente.

Desde entonces y de forma ininterrumpida, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, alojando diplomáticos y espías de ambos bandos; ha sido el hotel de referencia donde se hospedaban desde miembros de las familias reales a las estrellas más rutilantes del Hollywood de mitad de siglo.

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Si hasta el pasado siglo el Hotel Ritz era un selecto reducto de lujo, estilo y sofisticación; hoy, sin haber perdido un ápice de su personalidad, ha entrado en el siglo XXI abriendo sus puertas a todo el mundo. A ello ha contribuido la propuesta que año tras año ofrece su soberbia terraza. Sin duda, una de las mejores de Madrid, porque en pleno Paseo del Arte, acota una de las zonas de relax y tranquilidad más exclusivas, tanto por su arquitectura, bajo la imponente fachada del edificio, como por los materiales empleados como el mármol y la vegetación; que contribuyen a crear un ambiente difícilmente recreable en otro lugar de la capital.

Si la parte superior de la terraza es una extensión abierta al aire libre de su prestigioso restaurante Goya, en la parte inferior se puede disfrutar de una cocina un poco más informal en su puesta en escena, pero con el sello inconfundible que le pone su chef Jorge González. Una carta que mezcla por un lado el exquisito clasicismo de un hotel de Gran Lujo, con una colección de platos y tapas más adaptadas a la actualidad. Bocados, en muchos casos que podríamos definir como ‘comerciales’; pero muy bien ejecutados dándole así un realce que no se encuentra en otros comedores.

Pero siendo lo más importante, no es sólo la cocina; es el sello que impregna todo el ambiente. Desde el peso de los sillones de mimbre, al mullido de sus cojines, desde el sonido del agua de la fuente, al verde que te rodea mientras comes, que junto con la cristalería y la cubertería grabada; suma y aporta en un escenario magnífico en donde revivir la opulencia de tiempos pasados con el confort y los precios de hoy en día.

Así, además de que la principal novedad este año es la parrilla sobre la que asan buenos cortes de carne como el americano TBone, amplían su propuesta de raciones con platos más sutiles como el rollito de atún rojo de Almadraba, relleno de aguacate, tomate asado y ajo negro. El bonito del norte que marinan en aceite de oliva virgen y mahonesa de eneldo, resulta muy convincente. En el capítulo de los pescados, mencionar también el lomo de salmonete de roca con espárragos blancos de Tudela.

A destacar un clásico de todos los veranos: la fideua de bogavante, las pechugas de pichón de Navaz; y alguna otra novedad a base de un producto tan veraniego como el tomate que sirven de diferentes clases, en diferentes texturas y presentaciones como espumas, esponjas, confitados y crudos.

Hotel Ritz, Plaza de la Lealtad, Madrid

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