Estambul es una ciudad única, sin igual que actualmente sufre las tribulaciones de unos pocos, merece ser visitada sin miedo para disfrutar de sus encantos.

A veces la geografía es caprichosa, y se retuerce y conforma para marcar las lindes que separan territorios que el hombre pone bajo uno u otro dominio. El Bósforo es una estrecha lengua de agua que divide en dos la ciudad de Estambul, y separa Europa de Asia. Estambul una ciudad ligada a la historia, la cultura y al nacimiento de Europa es hoy una de las urbes más cosmopolitas, e interesantes del mundo.

Una vorágine de tráfico, muchedumbres de gentes abarrotando el viejo bazar, camionetas que avanzan al ralentí, un tránsito continuo de barcos, bocinas que piden paso, el rumor sordo de grupos de turistas que todo lo invaden esconden en las mismas narices de todo el que mira al estrecho, un oasis de calma y buena cocina para aislarse del mundo.

Estambul Foto Guillen Perez

Estambul es uno de los templos de la gastronomía mundial, la mezcolanza de culturas que han recorrido el país y el hecho de que haya sido la encrucijada de caminos que comunicarán Asia con Europa, enriqueció su culinaria hasta límites insospechados. Una gran variedad de productos, especias y hierbas aromáticas desconocidas en Europa hacen que sus platos y especialidades constituyan algunos de los bocados más interesantes que se pueden probar.

Suada Club, es un punto privilegiado en el Estrecho, un oasis de silencio en mitad de la nada, ante la que desfilan imponentes cargueros que pasan relativamente cerca ignorando, casi despreciando, el silencio y la tranquilidad que se respira aquí. Es un punto al que unos pocos acuden para alejarse y olvidarse por un rato de la intensidad de una ciudad por la que trasiegan dos continentes. Suada es uno de los locales más lujosos y placenteros de la ciudad. Enclavado en una pequeña isla de piedra, perteneció al arquitecto jefe del sultán que la recibió como parte del pago por sus servicios y que hoy pertenece al equipo de fútbol de la ciudad: el Galatasaray.

Estambul Foto esteban chner

 

Desde el pequeño puerto de Kurucesme, parten unos barcos que trasladan a la isla a muchas ‘celebrities’ que quieren descansar en sus visitas a la ciudad y disfrutar de su enorme piscina de agua salada, verdadero foco de atracción a donde acude algunos para apagar el calor de Estambul. Desde las tumbonas que rodean la piscina, se divisan ambos continentes y se observa el fastuoso puente colgante y el rumor quejoso y vibrante que el tráfico rodado imprime en el asfalto al atravesar el estrecho.

suada club Estambul

Como en un hotel de lujo Suada Club dispone de varios restaurantes de cocinas del mundo en las que no podía faltar un japonés, Itsumi; el italiano, Mezzaluna;  y Balik, un kebab. Los platos de pescado son los más codiciados. En una imponente parrilla a la vista, se preparan bonitos de ración y aljoba, un pequeño y sabroso pescado local, aderezados con hierbas aromáticas como el hinojo marino que crece junto al mar y especias exóticas que dan otro sabor a cada plato.

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