Somo es una playa larga, de dunas salvajes, de olas, y pinares. A mar abierto extiende una lengua de arena blanca en forma de media luna que se conoce como Las Quebrantas, zona de corrientes, temida por barcos que enfilaban por entre una densa niebla hacia el faro de la isla de Mouro para buscar refugio en los muelles de Santander. Aún hoy cuando baja la marea, sobresalen las huellas herrumbrosas del último mercante hundido en sus costas. La fuerza de ese mar, sus corrientes y sus olas, son aprovechadas por cientos de surferos, que bailan sobre las tablas de tres quillas. Un ambiente surfero y ‘cool’ viste este pequeño pueblo desde primeros de los años ochenta.

El Surf café, sobre la misma arena de la playa. Una terraza se abre para relajar la mirada sobre el mar que asoma tras las primeras duna. Un poste, indica las distancias, con las principales playas surferas del mundo, desde donde se divisa a los surferos remar agua adentro para disputarse las mejores olas y exhibir trucos y figuras que desde la orilla se antoja imposible.

Foto: La Posada de Somo

La Escuela Cántabra de Surf es la primera escuela de Surf de España, fundada hace casi 25 años, comenzó a enseñar a los demás como dominar las olas y correrlas hasta la orilla. Hoy mete cada día a cientos de alumnos al agua para iniciarse en el surf y hacerlo casi una forma de vida. Cuando el viento, que sopla del noroeste, acaba por imponerse al del nordeste, el cielo se despeja y se llena de cometas que aprovechan las fuertes rachas para navegar mar adentro. Desde aquí se tienen las mejores vistas de la provincia sobre Santander: El Palacio de la Magdalena, el Hotel Real, el Palacio de Festivales y el Paseo Pereda.

En las calles se respira el ambiente surfero, Somo vive para el surf. Las ‘motor home’, llenan sus aparcamientos. La gente camina por el pueblo en chanclas, enfundados en sus trajes de neopreno y con la tabla bajo el brazo. Xpeedin, fue la primera tienda de Surf de España, abierta en el 77. Todo un clásico en la zona y en el mundo del Surf. Un lugar en el que hay que dejarse caer, y en el que las mejores marcas del ramo, seducen y tientan para comprar algo.

Chelsea Georgeson. Foto: Xpeedin

El norte tiene fama de comer bien, pero aquí se come mejor incluso. La terraza del restaurante Las Quebrantas, está siempre copada de gente bebiendo un blanco y tomando riquísimas raciones de rabas, nécoras o bígaros. Su comida es contundente y bien hecha. Un estupendo cocido montañés o unos percebes recién cogidos, tú eliges.

Para disfrutar de una comida informal a base de buen pescado, Ezquerra y el Tronky, dos chiringuitos al borde del muelle de Pedreña, en cuyas parrillas se asan las mejores sardinas y ruedas de bonito de la zona. Un buen lugar para cenar al que se puede llegar andando, si atraviesa el puente desde Somo o en las lanchas de las Reginas. En Australian Bar Koori, un clásico, para después de cenar. Tiene una terraza diminuta, muy agradable, donde tomar una copa y continuar las tertulias surferas.

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Para dormir el Hotel la Posada de Llosa, que se esconde tras un jardín frondoso. Es una casa rural con encanto, un remanso de tranquilidad, donde Rafa y María, se esmeran por que la estancia sea una experiencia relajada y gozosa.

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