La ciudad fundada por los zares y capital del imperio ruso fue la mecha que prendió la Revolución Bolchevique hace ahora cien años. Concebida en el siglo XVII como el puerto que diera salida a Rusia al mar, se levantó a orillas del río Neva en un antiguo asentamiento sueco.

Rica, ornamental e irrepetible. Ciudad imperial, concebida como el sueño de Pedro el Grande y convertida en capricho fastuoso de los Romanov. Sus espacios y lujos desmedidos  constituyen un auténtico museo bajo el cielo. Es la capital del barroco y del neoclásico. Es una ciudad de iglesias y palacios monumentales asidos entre islas por puentes que salvan los canales y ríos que reflejan la belleza majestuosa de sus iconos. Noches blancas de verano, en que el sol apenas se oculta para iluminar tenuemente la sorprendente elegancia con que sus mujeres desafían la noche y el frío.

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Patria de las Artes, presume de las letras que entre otras grandes plumas, Dostoievski o Pushkin legaron al mundo. Rendida también a la belleza plástica de los mejores ballets y al eco de las mejores filarmónicas, en sus tres grandes escenarios: El esplendido teatro Mninsky, sede del ballet y la opera; El Aleksandrinsky junto a la avenida Nevsky y el teatro Mikhalovsky, en la plaza de las Artes.

Impactante la iglesia del Salvador de voluptuosas cúpulas, impresionantes mosaicos azulados en su interior y un retablo de extraordinaria belleza. La grandiosa catedral de Nuestra Sra de Kazan inspirada en San Pedro. El Monasterio Nevsky, un conjunto de varias iglesias y mausoleo de Tschaikovsky y Korsakov. La fortaleza de San Pedro y San Pablo es la tumba que guarda el descanso de sus zares. La cúpula dorada de la catedral de San Isaac, cuyos cimientos forjados con miles de  troncos enclavados en la tierra para asentar el terreno pantanoso, fue obra del ingeniero español Betancourt.

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Soberbio y grandioso el Hermitage con tres millones de piezas de arte que según dicen si se para un minuto en cada obra, tardarías más de cinco años en visitarlo. El fastuoso palacio de invierno, de una belleza sublime y exquisita, parece de caramelo y merengue. Desde allí atravesando la plaza y bajo las cúpulas de la iglesia del Salvador, se llega al Jardín del palacio de verano con sus columnas de agua y estatuas de efebos doradas. Mientras el Hermitage abrió un nuevo ala dedicado al arte contemporáneo, son muy interesantes las exposiciones de nuevos artistas rusos que se exponen en el museo y galería Erarta.

Monumental la Plaza de las Artes, a un paso de la avenida Nevski, presidida por la estatua de Pushkin, padre de la poesía rusa y rodeada por el Palacio y el teatro Mihailovski, además del Grand Hotel Europa que dirigió nuestro Nacho Duato. Explorar las calles alrededor del canal Griboedov, el puente Bank y sus leones alados. Pasear por el que fue barrio de Dostoevsky, de casas antiguas, calles tranquilas, románticos canales e iglesias bellísimas como la de San Nicolás.

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Sede de la poderosa Marina Soviética, visite el museo naval en el antiguo edificio de la bolsa y descubre el edificio del Almirantazgo. Se puede visitar el Aurora, el barco que puso la mecha al estallido de la revolución rusa.

Qué hacer: Imprescindible tomar un café en la increíble librería Dom Knigi, con unas vistas impactantes sobre la Catedral de Kazan que epatan a cualquiera. Eliseevsky, un interior de lujo para un moderno mercado de delicatessen. La Fábrica Real de Porcelana, vajillas y cerámicas delicadas.

Donde comer: en Teplo, un restaurante semi escondido tras un pequeño patio, en la calle Morskaya, acogedor y muy buena comida.

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Donde dormir, en el Gran Hotel Europa, un lujoso pedazo de historia y centro neurálgico de la ciudad, por el que pasaron Dostoyevsky, Tchaikovsky, La Pavlova o el poderoso Rasputín.

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