Corrían los últimos años de la década de los ochenta del pasado Siglo XX, cuando detrás de la Gran Vía descubrimos el que por entonces pasaba por ser el mejor y más auténtico restaurante japonés en Madrid, Tokyo Taro. Cuando la mayoría del público que allí acudía se limitaba a la pequeña colonia de ejecutivos y empresarios que residían por aquella época en Madrid, y algún nacional con vinculaciones con Japón, como era el caso, conocimos al gran Masao Kikuchi, que ejercía como sushiman y maestro del por aquel entonces aprendiz Ricardo Sanz.

En Japón se han mantenido las formas, la tradición y el respeto por una formación, repetitiva y reiterada que, bajo la supervisión de un maestro el aprendiz adquiría conocimiento a través de automatismos aprendidos que aseguren que un sushiman está preparado para realizar los cortes precisos que un buen pescado merece. Masao se formó durante años en su Japón natal. Dicen que montó un restaurante en Hawai y después otro en Alaska y que, incluso llegó a ser cocinero personal del emperador. Como quiera que fuera, recaló en Madrid y allí conoció a Ricardo y trabo amistad.

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La vida nos depara sorpresas y nos señala con designios que no esperamos. Kikuchi sufrió una enfermedad por la que casi pierde la vista. Es, en este momento, cuando Juan Bautista y Rocío, su mujer, se cruzan en su camino y le ofrecen trabajar juntos y asociarse para montar en Málaga el único bar de tapas y sushi del mundo. Rocío Tapas y Sushi, es un pequeño y modesto pero sublime local por cuanto su propuesta de tapas raya a la misma altura que la sutileza y calidad del sushi. Kikuchi y Bautista, tanto monta, monta tanto, son dos maestros en lo suyo.

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Si Kikuchi ostenta por derecho propio el título de maestro, no sólo por su dominio como sushiya, sino por haber enseñado el oficio a discípulos como Ricardo Sanz; Juan Bautista puede presumir de haber logrado una estrella Michelin para el restaurante Mesana, hace ya diez años, en Málaga. Si hay un plato, un bocado que sabe a mar, es el erizo, uni, en japonés, que se puede disfrutar una vez el otoño ha recorrido parte de su existencia, primero con producto del cantábrico, y después hasta que el año haya tachado un par de meses del calendario, con el que se pesca en el Sur.

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Sushi y tapas, tapas y sushi de una excelente factura, tanto por su ejecución y resultado, como por el sabor. A unas buenas gyozas, unas excepcionales croquetas de centollo. Al tradicional sashimi variado, unas mini hamburguesas de pato. A unas cigalitas crujientes con un toque de curry, unos niguiris de atún rojo. A unas delicadas carrilleras de ibérico con un punto de sobrasada, unos niguiris de anguila ahumada. A un huevo frito en coulant con migas de chorizo y pimiento de Padrón, un niguiri de gamba dulce. Una experiencia única que hay que disfrutar a una manzana de la playa si uno viaja a Málaga.

Rocío Tapas & Sushi Francisco de Cossío 10, Málaga.

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