El antiguo lugar donde los monjes benedictinos comenzaron a elaborar cerveza evolucionó bajo el poder del emperador Maximiliano, para convertirse en la admirable y gran ciudad que es hoy. Múnich, la ciudad de la cerveza por excelencia, es diferente al resto gracias al carácter de sus gentes, más abiertos, divertidos y con más ganas de ‘vivir’ la calle que el resto de los alemanes.

Es sin duda la más latina y pasional de las ciudades alemanas. Sus calles son un continuo desfile de gente guapa, de aspecto impecable, que desbordan estilo, dan la sensación de rebosar dinero, y de disfrutar de una de las mejores calidades de vida en Europa. Aquí se unen grandiosidad y monumentalidad propias de un gran pasado, con un excelente presente, gracias a la presencia de algunas de las marcas automovilísticas más punteras del mundo, así como de grandes editoriales que dotan de contenidos a Europa.

Uno de los centros más grandiosos y amplios en el continente, de generosas avenidas, amplias plazas y edificios monumentales. Desde la irresistible MarienPlatz, la estatua dorada de la virgen María contempla maravillada también, el fastuoso ayuntamiento barroco, recargado pero impactante. Una ciudad regada por ríos y lagos en la que solo las dos torres gemelas de la catedral de Nª Sra, hacen competencia a los lejanos picos de los Alpes de los que Múnich presume como si fueran inherentes a la fisonomía de la ciudad, olvidando que apenas son una silueta hacia el sur.

Apenas dejas atrás la gran plaza del ayuntamiento, el bullicio y el aroma de los alimentos abundantes y ricos, que se exponen en los puestos de comida del mercado en la viktualienmarket, te atraen como un imán. Puestos de comida callejera de excelente factura en cocina y de deliciosos sabores en el plato a los que acuden de forma masiva los locales, incluso mucho más que los turistas, de hecho, forma parte del estilo de vida de los muniqueses.

Casi ciento cincuenta puestos de comida, restauración y flores adornan la plaza con sus colores. Fruta y verdura de una gran calidad y alcachofas de un tamaño descomunal. Ahora en otoño, los puestos se desbordan de setas de varias clases. Aceitunas y encurtidos, enormes filetes de arenques frescos marinados con pepinillo y cebolla de potente sabor en la boca.  Zumos de toda clase de fruta exprimidos al momento, quesos, castañas y nueces de gran tamaño, completan un mercado en el que disfrutar solo paseando.

Existen puestos de restaurantes especializados en lo que podríamos denominar comida callejera. Uno de sopas y guisos más o menos contundentes, deliciosos, sabrosos y esenciales cuando llega el frío para entonar el cuerpo. Sopa, pan y una cerveza por menos de 8€. Noordsee, la gran cadena de establecimientos de cocina de pescado y marisco, excelentes ensaladas de marisco, de raciones generosas y muy ricas a precios muy razonables.

Un puesto con una gran variedad de patatas de distinta clase, color y tamaño, que preparan cocidas y abiertas por la mitad, cubiertas por diferentes salsas a elegir. Las salchichas blancas de ternera picada y especies, a las que una vez quitada la fina tripa exterior se untan en buenísima mostaza dulce, Brezn, acompañada de cerveza Paulaner de al menos medio litro, el mínimo a la venta.

Para celebrar la oktoberfest sin el bullicio de los grandes pabellones de los fabricantes de cerveza, nada como el gran Hofgrabfhaus, el gran bar de la ciudad en el que entre cantos y jarras de cerveza disfrutar de la gran fiesta. Si prefieres en el exterior, mi opción, acudir al English Beer Garden a beber a los pies de la popular torre china.

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