Hoy también iniciamos un recorrido por esos otros locales que nos gusta frecuentar durante el verano, los chiringuitos. En este apartado solo tendrán cabida los chiringuitos de toda la vida, aquellos que siempre han estado a pie de playa, de tejados de caña y mesas sin mantel, en los que la parrilla y las brasas han obrado la excepcional cocina del verano, junto a las cañas, los tintos de verano y las sangrías.

En la fantástica playa de El Puntal, desde la que se divisan las mejores vistas de Santander, desde Puerto Chico, pasando por el Hotel Real, hasta el Palacio de la Magdalena y la canal por la que los grandes cargueros y el ferry de Southampton, entran en su preciosa bahía, se esconde entre las dunas, un chiringuito de los de toda la vida y que gracias a Dios superó milagrosamente los terribles temporales de este invierno pasado.

El Puntal

El Puntal, es la lengua de arena que se prolonga desde el pueblo de Loredo y atravesando la peligrosa zona de Las Quebrantas, hoy paraíso de surfistas, llega hasta entrar en la bahía de Santander. Una playa salvaje y desnuda en la que el bañista solo encuentra solaz, en el chiringuito. A esta playa solo se puede acceder de dos formas, o andando desde Somo o en las características lanchas rojas de Los Reginas, que salen de Santander.

El chiringuito es inconfundible, en él, ondea siempre la bandera nacional y está decorado con motivos marineros que acentúan su sabor. La barra es la antesala de paso obligado por la que hay que dejarse caer. Con los pies desnudos como en todo chiringuito que se precie, unos vinos, acompañados de unas buenísimas rabas, unas fresquisimas quisquillas, y unos bígaros (caracolillos de mar), con los que nos entrenemos, mientras nos preparan la mesa.

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Cuando tienen percebes, suelen ser de buen tamaño y mejor sabor, así que una racioncita para empezar siempre es bienvenida. Raquel, todo sonrisas y amabilidad, nos saca unos tomates de la tierra o del país, como les llaman aquí. De un tamaño considerable, carne prieta, jugosos y sobre todo sabrosos, tomates que saben de verdad a tomate, ¡qué placer!

Foto: Luis Diaz campa

Las almejas del vecino pueblo de Pedreña, cuna de Severiano Ballesteros, remeros y buenas almejas y navajas. El bonito encebollado, a la plancha o con tomate y pimiento, son excelentes. El rape o el rodaballo a la plancha, en su punto, siempre buenos. Mi recomendación, no obstante es pedir los maganos en su tinta, ¡sobresalientes!

Y de postre su famosa tupinamba, que es excepcional.

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