Las puestas de sol son uno de los espectáculos más llamativos y maravillosos que la naturaleza nos brinda gratuitamente. Tienen el atractivo primitivo de contemplar el ocaso del astro rey, que crece hasta alcanzar el clímax sobre la línea del horizonte. De sobrecogernos con la llamarada de colores naranja que incendian el cielo. De ver su reflejo dominante sobre un mar tranquilo, cuya línea delimitaba el fin del mundo.  De recordar como el hombre imaginaba la navegación hacia un Nuevo Mundo de oportunidades. Las puestas de sol simbolizan la persecución de un sueño y la esperanza de un nuevo día para la humanidad.

Estos son a nuestro juicio las puestas de sol más espectaculares

El mirador de San Nicolás, en Granada

Dicen que el Sur tiene duende y aunque pueda referirse más a otras tierras del entorno, la magia y el embrujo que desprende este balcón asomado al poderoso, bello y emblemático palacio nazarí de La Alhambra, siembra el alma de tranquilidad y admiración primero y de alegría y ritmo después. Concentrado en la mirada, de fondo se adivinan los cantares de los gitanos del Albaicín que suben hasta el mirador para en una especia de liturgia ancestral cantar a la alegría y a la magia de la contemplación que un día cautivó a una princesa mora. El inimitable espectáculo de La Alhambra, transforma su enorme belleza en minutos. El color natural de sus murallas refleja primero el color del sol y luego, alumbra e irradia luz propia, para convertirse como por encanto en un cuento de Las Mil y una Noches.

Somo en Santander

Somo tiene el privilegio de cerrar la preciosa bahía de Santander. Situada justo enfrente de la ciudad, una playa de arena fina de casi cinco kilómetros de longitud, permite contemplar un mar poderoso y siempre agitado sobre el cual se dibuja la línea de la ciudad de Santander. Al caer la tarde, cuando la penumbra comienza a invadir el cielo, desde la isla de Mouro, se inicia el encendido de las lucernas de los otros dos faros: Cabo Mayor y la Magdalena. Sobre este, el imponente palacio que perteneció a Don Juan de Borbón es hoy sede del conocimiento internacional bajo el nombre de otro ilustre: Menéndez Pelayo.  El decimonónico hotel Real y la magnífica villa en la que residió el fundador del Banco de Santander, completan una de las siluetas más atractivas en las que combinan la belleza de un conjunto urbano y la grandiosa naturaleza desbordada.

Las marismas del Rocío, en Huelva

El Rocío, la pequeña aldea de la Virgen, es uno de esos contados lugares que conservan la fisonomía que un día les vio nacer. Sus calles de albero conducen cada año a legiones de fieles devotos hasta la ermita de la Blanca Paloma, cuya verja  asaltan de ‘madrugá’ con enorme devoción y emocionado respeto.

Un paisaje mucho más sereno es el que se abre delante de la aldea. Interminables marismas en las que anidan decenas de aves migratorias, se baña y alumbra con la fuerza de los naranjas con que regala el sol antes de despedirse cada día. Una vasta planicie apenas tocada por el hombre, es territorio exclusivo de pájaros que con la puesta de sol dan por finalizados sus vuelos para descansar reconfortados por el calor e intensidad de un sol cuya imponente esfera abraza y domina el terreno antes de desaparecer tras el horizonte.

Foto: UTracks

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Cabo de Finisterre

No hay un sitio en la península que reúna una carga de misticismo y espiritualidad desgarrada como la que ofrece el que fue durante siglos el fin del mundo. Finisterre, como final último del Camino de Santiago, permite descargar sentimientos y emociones contenidas ante uno de los paisajes más sobrecogedores. La magna contemplación del océano, inmenso, salvaje unas veces y manso otras; junto con los acantilados agrestes que embaten las olas constantemente crean una sensación de vértigo y vacío que llena y cubre el disco solar creciente y anaranjado que todo lo calma.

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