El apodo de La Palma no es gratuito, por algo la llaman la isla bonita. Cráteres y coladas volcánicas, frondosos bosques de pinos, cumbres revestidas de laurisilva, una flor autóctona e irrepetible; parajes de un verde cegador, senderos infinitos que recorren una naturaleza casi irreal de la que brotan manantiales y pequeñas cascadas; acantilados y rompientes que quitan el aliento y pequeñas playas de arena negra constituyen todo un espectáculo en la tierra. Pero el auténtico se encuentra cuando eleva la mirada al cielo para descubrir un mundo de estrellas insospechado.

El Casco antiguo de Santa Cruz
Ubicada en el noreste de la isla al abrigo de Atlántico, Santa Cruz llego a ser un adelantada a su tiempo, ya que en el siglo XVI, era el tercer puerto de Europa, tras Sevilla y Amberes. Su legado cultural y arquitectónico, de construcciones tradicionales canarias en la que destaca la galería de terrazas de madera mirando al mar y un legado artístico de tallas y pinturas flamencas que nadie sospecha encontrar, sorprenden al visitante.

Sus volcanes extintos
Como todo el archipiélago el origen volcánico de La Palma se plasma en una serie de paisajes volcánicos que resumen su belleza en la dureza y el poder absoluto de la lava capaz de borrar toda huella de vida y que nos muestra como fue el origen de todo. En Fuencaliente los cráteres de Teneguía y San Antonio.

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El Parador asomado al oceáno
Ubicado en la zona conocida como el Zumacal es el lugar ideal para descansar y establecer la base desde la que recorrer la isla. El Parador Nacional es una construcción tradicional canaria, desde cuyas terrazas y balcones se contempla el inmenso mar. La gastronomía local de su restaurante es notable y permite conocer su recetario, de papas, mojos, guisos y pescados.

Los llanos de Aridane
En la otra cara de la isla, la pequeña ciudad de los Llanos de Aridane compite con la capital en tranquilidad y en belleza contenida. Sus casas bajas encaladas que apenas dejan entrever algún bloque de piedras , sus plazas quietas y calmas, sus suelos empedrados y un estilo de vida en el que nadie parece conocer las prisas; le hacen un destino envidiable. Se puede visitar su mercado y las plantaciones de plátano.

La Caldera de Taburiente
La caldera a la que da nombre una pequeña corriente de agua, no es sino una hendidura, una brecha que ha roto el terreno para esconder en su interior un
paisaje volcánico de extraordinaria belleza de la que brotan numerosas fuentes de agua, cascadas y riachuelos que al unir sus cauces forman corrientes de agua cristalina. La más característica es la caída de El Salto de la Desfondada de más de cien metros.

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El Universo y las estrellas
El Roque de los Muchachos, no es sino un conector del cielo con la Tierra situado a dos mil cuatrocientos metros de altitud en un alto inhóspito donde no crece vegetación. Sus cielos limpios nos regalan la contemplación de uno de los espectáculos más maravillosos y únicos que podrá observar en su vida: El Universo en mayusculas. Nubes cargadas de estrellas de una densidad como no habrá visto jamás. Un cielo que está ahí pero que nuestras ciudades han escondido y escamoteado para siempre. Un paisaje interestelar brutal y único. Además, durante el día, las vistas sobre la grandiosa Caldera de Taburiente, sobrecoge.

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El tabaco y el ron
Encienda un cigarro habano y disfrute de un trago de ron. Para disfrutar de placeres mundanos cada vez más exclusivos, los buenos cigarros habanos elaborados en la isla han gozado
En San Andrés y Tijarafe se sigue produciendo caña que transforman en buen ron local. Las etiquetas Aldea y Espíndola lucen en las botellas de los dos productores de la isla.

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