En una de las calles más bonitas del Mediterráneo se abre una ventana a las distintas tonalidades del cielo y del mar, más allá de las fachadas blancas, una mirada a la que no pudieron resistirse ni Sorolla ni después Benjamín Palencia, esconde desde hace más de 30 años, al restaurante más antiguo del casco histórico de Altea.

Santos, nacida en Sudáfrica, de ascendencia india, y de sentimiento mediterráneo. Es luminosa y de personalidad arrolladora, tiene fuerza y vigor, cobija y da calor en su pequeño comedor de solo cuatro mesas. Su sonrisa, ilumina el restaurante y su sencilla y rica gastronomía. Cocina por afición y sirve a sus comensales con vocación. Aquí se viene a comer sin prisas, a disfrutar, uno tiene la sensación de sentirse invitado, en su casa.

La Llar de Santos. Terraza

Su cocina es de mercado, auténtica, de verdad, sin disfraces, ni condimentos, ni aderezos que confundan el sabor del producto, que es el rey en su cocina. Sus platos son sencillos, pero llenos de sabor y desnudos de todo lo que pueda distraer el sabor, lo más importante aquí. Sus pescados son de la lonja, las verduras de su propia huerta y las carnes, esas si, llegan de un poco más lejos, de Galicia, pero solo porque considera que son las mejores.

Santos en la cocina

Su modo de entender la cocina y su compromiso es hacer que todo lo que se sirve en el plato, se haga en el mismo momento. Ello, a veces requiere su tiempo, para que los sabores reposen y se multipliquen. Son solo cuatro mesas para así poder atender personalmente todo, la cocina, las mesas y a sus invitados. Y solo sienta a aquellas personas que ella sabe de antemano que van a disfrutar de su comida y de su modo de entender la cocina. Abstenerse pizzeros, familias con niños…o gente buscando un menú. Aquí no hay carta.

La Llar de Santos. Comedor

Ensaladas sencillas, de las de siempre, pero plenas de color y sabor, los tomates saben a tomate, las lechugas, verdes, recién cortadas de su huerto ecológico y solo aderezadas con el mejor aceite de oliva y un poco de sal. Las carnes hechas al punto y tiernas como la manteca, son únicas, no es solo la materia prima, si no como las hace, ¡Excelentes! Los pescados de la propia lonja de Altea, hechos solo con un poco de aceite de oliva y unos minutos en el horno. Se deshace en la boca, todo es sabor. Para alegrar la comida, vinos de Alicante a muy buen precio.

Su nueva terraza, un balcón al mar para disfrutar de todo lo bueno que la cocina de Santos puede servir.

C/ Santa Bárbara 5, Altea

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