La antigua Saigón, aún llamada así por sus mayores y a la orilla del río del mismo nombre, es húmeda, ruidosa y calurosa, pero llena de energía y movimiento. Muestra su cara más tranquila y pausada en la vida cotidiana de sus gentes que sestean en cualquier esquina o se sientan descalzos a charlar a la puerta de su negocio. Aceras desordenadas, tomadas por tenderetes y motos aparcadas mientras otros cocinan en diminutos restaurantes, casi en plena calle. Vendedores ambulantes que ofrecen cacahuetes, frutas, bolsos, casi cualquier cosa. Tráfico caótico, hordas de motocicletas que toman el asfalto a todas horas, cruces en los que no existen normas preestablecidas, y donde cruzar requiere valor y decisión. Su moneda, el dong, es difícil de manejar, se cuenta siempre en miles.

Foto Ramon Boersbroek

La antigua y lejana Cochinchina,protectorado francés, fue tomada con la ayuda que España prestó desde Filipinas. Es una ciudad que evoca su pasado colonial. Una copia  de Notre Dame,  aislada en medio de una gran plaza y presidida por una gran estatua de la virgen. El gran edificio de Correos, diseñado por Eiffel o el de la opera, cuyo pórtico, clásico, sujetan dos cariátides.

Hoteles míticos en los que todavía se escuchan los ecos de la guerra “americana”. El Rex, donde los periodistas acudían puntualmente, a las cinco de la tarde,para recibir los partes de guerra y corrían luego al Caravelle, para, ya a la puesta de sol, entre diplomáticos y espías, tomar un trago mientras escribían sus crónicas. El Continental, donde residió Graham Greene durante casi tres años, mientras escribía la novela “El americano tranquilo”, o el bar del Majestic, con vistas al río.

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Le Loy y Dong Khoi, son las calles que articulan el distrito uno, el más comercial. En los alrededores de esta última se encuentran sastres que confeccionan trajes a medida en solo 24horas, de buen corte y por poco dinero. Contrastan con las nuevas firmas del lujo que ya han invadido la ciudad en busca del dinero de los nuevos potentados. BuiVien, otra calle repleta de tiendas más baratas. ChoBinhTay, el Chinatown, especias y medicinas tradicionales chinas. Grandes mercados como Ben Than, en un gran edificio, blanco, inmaculado. OBinhTay, famoso por sus sedas y terciopelos.

El frío y mastodóntico palacio de la reunificación, de estilo comunista años sesenta, exhibe en la amplia esplanada que se abre delante, los tanques del VietCong que tomaron la ciudad. El museo de la guerra americana, con recuerdos de las atrocidades cometidas por el enemigo. Una excursión en canoa por la impenetrable y tupida selva de manglares del delta y una visita a los increíbles túneles Cu Chi, solo posibles por la paciencia y minuciosidad oriental;agujeros estrechos y laberintos imposibles de más de 200 kilómetros que sorprendían al enemigo.

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Para comer auténtico poh (pronunciado fur), en Pho2000, donde también comió el presidente Clinton. Le Jardin, una buena comida de estilo francés en su agradable jardín. El Cyclo Café del Majestic sigue siendo un buen sitio para cenar. Cuando necesite algo más sencillo, pruebe las hamburguesas y sándwiches de Black Cat, abierto prácticamente todo el día. Otra forma de comer marisco muy bueno y fresco en Stix.

Para dormir, les recomendamos los hoteles coloniales,que rezuman historia y tienen un encanto que sin duda no poseen las grandes cadenas: El Majestic, el Caravelle o el Rex, compiten por ofrecer la mejor azotea para tomar una copa.

Qué hacer

Ho Chi Minh, la antigua Saigón , por ello visite el Museo de la Guerra, para descubrir detalles y anécdotas del terrible periodo de la guerra que asoló el país en los años 60 del pasado siglo. el Museo de los Vestigios de la Guerra de Vietnam en Ho Chi Minh City.

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Este museo en concreto, está muy centrado en las atrocidades y las violaciones de los derechos humanos que se cometieron durante la guerra de Vietnam, sobre todo por los efectos del Napalm, el agente naranja (llamado así por el pueblo vietnamita, el veneno naranja). Las fotografías expuestas en dicho museo son duras y no es recomendable visitarlo con niños.

La entrada al museo cuesta unos 30 céntimos de euro y abre diariamente.

 

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