Ginebra nace del agua, del Lago Leman al que la ciudad se asoma para ampliar horizontes y el río Ródano a cuyos lados crece y se amplían los dominios de una ciudad que hizo del tiempo su razón de ser y su forma de vida. Ginebra ha sido capaz de instrumentalizar el tiempo hasta transformarlo en objeto de deseo de los más pudientes. Si el tiempo es su razón de ser, la altisima calidad de vida de esta ciudad no la marcan las horas ni el carrillón de su torre campanario, si no su fama para mostrarse neutral y servir como punto de equilibrio para ayudar a resolver conflictos. Cuna de burócratas,diplomáticos y directivos, banqueros y relojeros.

A pesar de su fama bien ganada como ciudad cara para vivir, el traslado desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad se puede realizar en tren por unos francos en menos de diez minutos hasta la estación de Cornavin. La llamada ciudad vieja se alza unos metros sobre el resto para atestiguar que sus calles empedradas, estrechas, sinuosas en algún caso, revestidas de arcadas que protegen de las inclemencias del tiempo, fue el origen de todo. Los pequeños cafés y las tiendas de antigüedades que inundan esta zona de la ciudad, esconden tras de sí, bellos patios interiores que escapan de la mirada de quien no escruta su interior.

Hubo un tiempo en que Ginebra se mostró convulsa y desde la capilla y la silla que ocupaba Calvino en la catedral de San Pedro, el mundo católico sufrió el azote de sus prédicas y acabó dividido en dos. Si asciende los más de ciento cincuenta escalones de su torre obtendrá unas vistas espectaculares sobre el lago, sus barcos y el géiser de agua artificial más famoso del mundo. Para conocer la zona, le sugerimos: El viejo vapor Lady of the Lake, para recorrer el lago; la bicicleta para pasear la ciudad y el tren que le llevará a las poblaciones cercanas.

Para visitar en el mismo lugar en las que el pueblo de Ginebra ratificó el cisma con Roma en 1536, hoy se pueden apreciar ejemplares únicos de la Biblia en el Museo de la Reforma. El Palacio de las Naciones con su impresionante hall y magnífica biblioteca. Acérquese al barrio de Grottes donde algunos arquitectos aventajados trataban de eliminar las aristas y las líneas rectas de los edificios emulando a nuestro genial Gaudí. Carouge con un cierto marchame bohemio mantiene la calma y la tranquilidad que tanto gustan los suizos. Pequeñas tiendas con encanto, panaderías, viejos cafés, galerías de arte y floristerias; aportan carisma al barrio.

En Ginebra se puede visitar algunos establecimientos icónicos. Aunque el tabaco y los fumadores son especies a extinguir, los amantes de los buenos cigarros, pueden visitar la primera y original tienda de Davidoff cuya vitola se hizo famosa por la excelente calidad de sus cigarros habanos. Si lo suyo es pasión por el chocolate, entonces Favarger, que produce sus tradicionales chocolates desde 1826. El famoso proveedor de cuchillos y navajas del ejercito Victorinox o las galerías y museos en los que admirar los relojes de Patek-Philiphe, auténtico objeto de culto. Un plan diferente, un café y un cortometraje en el Café Renoir.

A la hora del almuerzo puede probar la pasta de Auberge Communale d’Onex, un gran restaurante italiano. En el Cafe du Centre, ubicado en la Plaza du Molard, además de ser un lugar de encuentro de los parroquianos, trabajan muy bien el pescado. Para cenar, L’adress, que además de ser una boutique de moda muy cuidada, sirve buena cocina de fusión de productos y recetas mediterráneas y asiáticas en su amplio y luminoso loft. La oferta para dormir en hoteles de lujo es muy amplia. Le recomendamos el Hotel les Amures, elegante con estilo y mucho encanto. En el se han alojado ‘celebrities’ de todo el mundo.

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