Cuando la M30 era todavía el arroyo Abroñigal  y cuando por los descampados de lo que hoy es el barrio de San Juan Bautista correteaban y pacían aún rebaños de ovejas que luego dormían en un aprisco existente donde hoy está el restaurante “La Misión”, el germen de “El Rinconcito”, ya existía. Era 1967 y en una casa baja de las muchas que poblaban los limites del Madrid de entonces, Celestino Lacasa abría una tasca de barrio que pasando el tiempo, ya en 1981, empezó a ser conocida como “El Rinconcito” . Hoy es su hermano Jesús quien sigue afanándose en dar continuidad  a la calidad y buen precio del establecimiento.  En el primitivo Rinconcito, en el de la casa baja, se dio acceso por primera vez al marisco a la numerosa inmigración arrabalera que en los difíciles 50 y 60 se asentó en los extremos más humildes del barrio de la Prospe. Después de salir del trabajo, o el domingo con la parienta y los niños, el trabajador no especializado de la zona, se tomaba sus buenas cervezas con sus racioncitas de gambas a la plancha; todo un lujo en una época en la que todavía uno de los personajes mas famosos de los tebeos del momento era “Carpanta”, un tipo que siempre soñaba con comerse un pollo asado, el gran manjar de aquellos tiempos.

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Ya en 1990, y como signo de los tiempos, el primer emplazamiento del negocio fue demolido y, “El Rinconcito” fue a instalarse en los bajos de una de las inevitables casas de 6 u 8 alturas que, por entonces, comenzaban a proliferar en la zona, para dar hogar a la creciente y modesta clase media que iba surgiendo. Desde ese momento, “El Rinconcito” se fue consolidando como ese lugar de barrio en el que, por no mucho dinero, uno se podía dar una buena mariscada con los amigos o con la familia.

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Desde hace algún tiempo, siempre que en fin de semana salía a andar con mi amigo Anozy pasábamos, muy temprano, por delante del restaurante, todavía cerrado, nos hacíamos el propósito de ir a comer allí algún díapara ver como seguía el sitio después de algunos años de no visitarlo. Cuando por fin nos decidimos a hacerlo, lo primero que notamos al entrar en el restaurante es que, tanto  los productos a la vista , como los camareros, daban una magnífica impresión.  Frescos y apetecibles en su exposición acristalada los primeros, y atentos, solícitos e impecables los segundos. Sardinas brillantes de ojo vivo, lustrosas y estallantes gambas rojas, muy prometedores percebes, magnifico corte de atún y un lomo de carne roja en su justo color y proporción grasa….

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El local, aunque pulcro, como recién pasada la mas exigente inspección de sanidad, conserva ese aire entre establecimiento con pretensiones de ciudad de litoral y gran mesón de carretera con vidrieras de colores, cuadros de casa de muebles, ladrillo visto, redes colgadas con caparazones de centollo y estrellas de mar incluidas. No obstante, el comedor, en dos plantas, es francamente cómodo y sin ruidos.

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Javier y yo empezamos probando una ensaladilla que nos había hecho buen ojo en la barra y que no defraudó las expectativas. Aunque pequeña, también probamos una magnifica gamba blanca y unos estupendos percebes. Las ostras, pese a estar un poco fuera de temporada, nos parecieron igualmente soberbias de sabor y textura. Yo siento debilidad por el pescado azul y, en especial, por las sardinas y las que nos pusieron, también estaban a la altura de lo esperado.

 

Jesús Lacasa, el dueño y maitre de “El Rinconcito”, nos comentó que su clientela es, en general, bastante conservadora y que no gusta mucho de novedades y complicaciones. Nos decía que a lo largo de los años habían intentado incorporar en la carta algunos platos elaborados,  pero que no habían resultado. Únicamente había conseguido introducir, como cosa nueva, el tartar de atún y algunos arroces que también habían tenido muy buena aceptación. Pero lo nuestro es: buen marisco, buen pescado, a buen precio y sin historias. Cuando le preguntamos que por qué no se habían incorporado a ninguna de las paginas de ofertas de restaurantes, Jesús nos dijo que, en su momento, lo probaron, pero que si ofrecían simplemente un 10 o un 20% de descuento la demanda no se incrementaba y si llegaban al 50%, su margen comercial no lo soportaba. Remachaba su argumento diciendo que si entraban en ese juego, siendo su cocina de producto de calidad, se verían obligados a perder dinero, o a perder su identidad y su carácter, y con ello, también a una clientela que, según nos comentaba, venía no solo del barrio,  sino de todo Madrid, incluso de toda España. Decía que, por ejemplo, hay una familia canaria y, algunos extranjeros, que siempre que vienen a Madrid les visitan sin falta. El próximo día, prueben el centollo, o mejor la centolla, las nécoras, las cigalas o cualquiera de los mariscos que vean en la carta y verán .  Para remachar de nuevo sus afirmaciones, Jesús concluye diciendo: “no, si no es que lo digamos nosotros, si entran en internet y ponen percebes buenos en Madrid, los primeros que aparecemos somos nosotros.”

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Es indudable que la constancia y perseverancia de Jesús y su gente en demostrar día a día, con hechos, orgullo y pasión que en “El Rinconcito” se come el mejor marisco al mejor precio de Madrid, merece nuestro total apoyo. Hay que decir que aunque el lema de la casa es “comete el mar de un bocado” en “El Rinconcito” también es posible tomarse una formidable carne roja.

Nosotros nos vamos encantados de confirmar que sigue habiendo sitios como este  en Madrid, que después de casi 50 años, siguen con el mismo entusiasmo del primer día y persiguiendo la excelencia en eso tan difícil de dar de comer bien a los demás, a un precio razonable.

 Calle del Padre Claret, 12, Madrid

 

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