El Bar es el libro que forma parte del proyecto de la última película de Alex de la Iglesia. Un proyecto multimedia que se estrena el 22 de marzo y que incluye libro y película.

El periodista Mario Suarez recoge en este libro 45 de los bares más emblemáticos de Madrid, que forman parte de la historia más íntima de la capital. Las anécdotas y los sucedidos más reseñables ocurridos en establecimientos como el Lardhy al que acudían de Isabel II, y Mata Hari; o el nacimiento del partido socialista en Casa Labra; y el Museo Chicote en el que Ava Gadner y Luis Miguel Dominguín iniciaban sus acalorados romances.

Los bares no son sólo bares. Son universos, afirma Alex de la Iglesia en el prólogo del libro. En un bar se encierra el microcosmos: quién soy, adónde voy, lo que anhelo. Cuando entro en un bar lo pongo todo encima de la barra. Mis aciertos y, sobre todo, los fracasos que intento ocultar, sin éxito. El pasado y el futuro de tu identidad, encerrados en sus cuatro paredes; prosigue el cineasta.

En un bar -prosigue- vives el amor, el odio, la lujuria, el cansancio, la desesperación. Los bares están llenos de ángeles caídos y, si rascas con las uñas su negra superficie, algunos contienen demonios. Como en la vida, puedes pasar cerca de un asesino múltiple o de un santo, sentado en su taburete, y tú te tomas un café a su lado, sin saberlo. Es como si un demiurgo burlón hubiera descubierto la sutil manera de reunirnos a todos en un entorno pacífico, cada uno centrado en su triste consumición.

De pronto, surge la chispa y se establece el contacto, y entonces los mundos chocan. Nadie se libra de participar como actor en ese teatro sin gradas. Pero no perdamos la esperanza, la barra del bar une más que separa si somos pacientes y olvidamos el mundo tan solo un instante, para tomarnos un café y mirar a los ojos del otro, del que está a tu lado. En El bar, nuestra última película, Jorge y yo viajamos a uno de esos universos cerrados, con olor a sándwich mixto y café cortado. La colección de personajes tiene mucho de arbitrario, de azaroso, de absurdo. Todos ellos unidos por algo tan estúpido y trascendental como es el desayuno; concluye en el prólogo.

Para Blanca Suarez su bar favorito es Enro, en la plaza Duque de Pastrana. Es al que más cariño tengo, afirma. No es un bar especialmente lujoso, ni moderno, ni cool, pero quizás sea esa falta de pretensiones lo que lo convierte en un sitio tan especial, tan único. Me gusta tener la libertad de presentarme allí tal y como soy, sin tener que componer una imagen, y pedirle a Ramón un pincho de tortilla mientras Félix se queja de cualquier cosa.

Para Carmen Machi El Toni2, etiquetado como piano bar en la calle Almirante de Madrid, es ese bar donde tienes la sensación de que el tiempo se detuvo y que nuevas almas se mezclan con el pasado. Allí he pasado (y sigo pasando) noches inolvidables. Su cercanía con el teatro María Guerrero me hizo clienta, casi habitual, noche tras noche con mis compañeros de faena. Terminar la función, cenar un poquito ¡y al Toni2! Esta rutina nocturna está en mi memoria y en mi corazón.

En cambio, para Terele Pávez, es La Milana Bonita, en calle Marqués de Santa Ana, un lugar mágico. Un lugar, entrañable, porque allí se produjo el reencuentro con Belén Ballesteros y Susana Sánchez-Rebato, que en la cinta de Mario Camus interpretaron a mis hijas, Nieves y la Nina Chica, respectivamente. En La Milana reímos mucho, nos emocionamos casi aún más, nos hicimos fotos y vivimos uno más de esos millones de recuerdos imborrables que se generan solo en los bares

El Bar. Editorial Cúpula. Autor: Mario Suarez

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