Ferrán Adriá es un personaje y cocinero reconocido, pero creo que no lo suficiente. Adriá ha sido para la gastronomía no española y mundial, el equivalente a Pablo Picasso para la pintura. Picasso aportó una disrupción absoluta y completa de lo que hasta entonces era el arte para convertirlo en una realidad abstracta. Ferrán, es su equivalente en la cocina. Supo extraer su esencia para transformarla en formas, texturas y sabores de realidades hasta entonces desconocidas. Ferrán es un personaje único e irrepetible, un genio al que más tarde que pronto se le reconocerá su legado.

Y esta introducción viene al caso porque la última vez que tuvimos la oportunidad de hablar con Ferrán Adriá, le pedimos alguna recomendación para comer en Barcelona, más allá de los restaurantes de éxito que gestiona su hermano Albert (de quien hablaremos algún día), y su recomendación fue Dos Palillos, el restaurante de su discípulo Albert Raurich. Es cierto que Albert nació de El Bulli, pero hace ya muchos años que abrió este pequeño restaurante de factura sobresaliente, y que ha demostrado con creces su valía y que su propuesta es una realidad plenamente consolidada.

Dos Palillos

Dos Palillos

La propuesta de Dos palillos se basa en una dualidad continua. Cocina eminentemente japonesa y China, guiños a la cocina oriental, y mediterránea, los dos palillos que se utilizan en aquella zona del mundo y el palillo de nuestras tapas. Dos barras, una sin reserva y de carta y otra gastronómica, que funciona con reserva y menús degustación.
Cocineros-camareros que en una suerte de espectáculo elaboran sus platos delante del comensal y detallan y explican sus creaciones. En definitiva, una cocina creativa basada en el producto local y en el recetario y técnicas del lejano Oriente.

Dos Palillos

Dos Palillos

Ubicada en un barrio como el Raval, nada hace presagiar que tras su rótulo de BAR y fachada, en los bajos del Hotel Camper, se abra un mundo de altísima cocina.
Tras una alargada y estrecha barra, como en las películas americanas sobre la Ley Seca, al traspasar una cortina, se abre un mundo diferente, una amplia barra en U para más de veinte comensales situados alrededor de la cocina en la que, de forma espectacular, ofician Albert y su equipo. Dos menús, uno más largo de 15 pasos y el corto que se queda a la mitad, sirven para ensalzar la mejor técnica oriental y el mejor producto español.

Dos Palillos

Dos Palillos

Magnífica la ensalada china de marisco fresquísimo. Sorprenden las gambas crudas y calientes al aceite de té negro, un plato sublime. La ventresca de atún habla del gran producto con que trabajan en Dos Palillos, una de las esencias del aprendizaje asumido en El Bulli. Exquisito shaomai de cangrejo real (una rica versión china de un dimsum abierto). La papada de ibérico, en este caso, a la cantonesa, logra un plato de marcados contrastes entre el gusto graso y delicado de la papada y la técnica empleada. Sus hamburguesas japonesas (japanese burguer) extraordinarias, de esas que como en el anuncio “no puedes comer solo una…” Un registro diferente, pero igualmente extraordinario el de su versión de pluma ibérica en horno tandoori.
Los postres, obras de arte, desde el punto de vista estético, sabor y texturas, ¡Diez!
Dos Palillos C/ Elisabet 8, Barcelona

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