Cuba enamora, su gente, su historia, su arte, su pureza, su actitud digna y sosegada…, su naturaleza. Además el cubano te recibe con los brazos bien abiertos y te dedica su tiempo de forma desinteresada, por eso dormir en casas de cubanos es una gran idea, una forma extraordinaria de conocer el archipiélago. En este viaje que os proponemos conocimos a 3 familias maravillosas. Al final cada sitio visitado queda en la memoria con el sello de la familia cubana.
Recorrer en coche durante seis días algo más de la mitad de la isla: Dos noches en Varadero, excursión de día a Santa Clara, Dos noches en Cayo Guillermo, una noche en Trinidad y ya de vuelta a La Habana.

La primera casa en la que estuvimos en Cuba fue la casa de los Fernández, Loreta y Boris en el barrio de Vedado, La Habana. Cuando reservamos la casa, recibimos un email de Loreta ofreciéndose a ayudarnos en lo que necesitáramos, por lo que antes de llegar a La Habana, pudimos organizar con ellos una buena guía, un coche desde el aeropuerto, y reservas a restaurantes. Una vez allí, pudimos conocer de primera mano, cómo están realmente los cubanos después de 59 años de Revolución y la política de los Hermanos Castro. Con una guía recorrimos la Habana vieja.

Foto Pedro Szekely Flickr.com

Foto Pedro Szekely Flickr.com

Aunque solo estuvimos 2 días no quisimos perdernos la visita del museo de la Revolución. Está ubicado en el antiguo Palacio Presidencial, construido entre 1913 y 1920. El último presidente que vivió en el Palacio fue Batista, el dictador. Impresiona ver los tiros del asalto al Palacio en 1957, cuando la Federación Estudiantil Revolucionaria (FEU) entró con armas a ajustar cuentas con el tirano opresor del pueblo cubano. Cuentan en la visita cómo Batista se libró de la muerte al esconderse entre los pasillos secretos de palacio. Muy recomendable visitar el museo con una guía del Museo.

En la Plaza de la Catedral, que es una maravilla, está el Café Escorial con una terraza estupenda y un café buenísimo. Detrás de la plaza, hay 2 callejuelas llenas de restaurantes con terrazas muy agradables.

Foto: Nick Kenrick Flickr

Foto: Nick Kenrick Flickr

Después empezamos la segunda parte del viaje.Primer destino Varadero. Allí estuvimos en la Villa Quinta del Mojito en Santa Marta. La alternativa entre coger un resort en plena manga de Varadero o el contacto cálido con los cubanos, nos decidió por esta última opción.

Manga de Varadero Villa Quinta del Mojito. Santa Marta

La Villa regentada por una familia cubana nos encantó. La ubicación era inmejorable y los dueños, encantadores. Después de relajarnos todo el día en Varadero, cogimos ruta hacia Cayo Guillermo. De camino aprovechamos para visitar Santa Clara, parada obligada. Este fue el último reducto que el Che Guevara atacó en 1958 antes de llegar a La Habana y derrocar a Batista. Impresionante La Plaza del Che Guevara custodiada por una estatua de bronce del comandante y situada sobre su mausoleo. Refleja el agradecimiento y la devoción que el pueblo cubano tiene por uno de los grandes héroes de la Revolución. Estuvimos solo 2 horas, pero Santa Clara, da de sí para estar dos días completos.

Cayo Guillermo Foto: Eric Blas Flickr.com

Cayo Guillermo Foto: Eric Blas Flickr.com

Finalizamos la estancia y retomamos rumbo a Cayo Guillermo. Son playas vírgenes defendidas por arrecifes de corales y una fauna donde viven los flamencos rosados. Precioso. Si hay que elegir entre Varadero y cayo Guillermo, no lo dudo, Cayo Guillermo.El paseo en catamarán hacia los bancos de corales donde se para para bucear, es muy recomendable y está muy bien organizado. También se puede hacer kite-surf pues alquilaban material y aunque había poco viento, se podía navegar con una cometa de 12m. Otro gran plan para los aficionados a los deportes acuáticos.

Nuestro penúltimo destino fue Trinidad. Llegamos con las expectativas muy altas pues al ser una de las ciudades coloniales mejor conservadas de Latinoamérica y ser patrimonio de la UNESCO, sabíamos que era parte del plato fuerte del viaje. Nos enamoramos de Trinidad. Maravillosas las callejuelas, las plazas, las casas abiertas a la calle, las galerías de jóvenes pintores cubanos y la vida en los barrios.

En Trinidad dormimos en el Hostal la Gallega. Una casa con patio interior muy bonito y una terraza arriba preciosa, impecable para desayunar. Los dueños son encantadores, un matrimonio joven con una niña de 8 anos que nos bailó y nos cantó todo lo que sabía, muy cariñosa.

image

Desde Trinidad cogimos el coche y tras algo más de cuatro horas llegamos a La Habana. Era 31 de diciembre y nos esperaba una noche de las que no se olvidan nunca. Boris y Loreta, los cubanos de la primera casa que alquilamos, nos invitaron a cenar con su familia, no lo dudamos. Nos recibieron con los brazos abiertos. Nos agasajaron con la típica cena Cubana: arroz, frijoles, yuca, puerco, pepino, tomate y dulces tropicales en almíbar ¡Todo delicioso! Bailamos con todos, bebimos ron cubano y brindamos por el nuevo año, un brindis lleno de amor y sinceridad.
Un fin de viaje precioso con una familia cubana extraordinaria.

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.