Bergen, escondida entre siete colinas que la protegen; oculta tras una decena de islas frondosas y verdes, que la guarecen de la inmensidad del gran azul; y a escasa distancia de espectaculares fiordos, grandes paredes verticales, macizos abruptos, verdaderas empalizadas de vértigo. Una naturaleza prodigiosa: océano, montaña y fiordos, que han dotado a Bergen de una geografía y una personalidad singular, bella e imponente. Lenguas de tierra que se adentran en el mar o bocanadas de mar que entran en tierra. Un océano que da sus mejores frutos en forma de salmones, bacalao y truchas del Mar de Noruega.

El viejo puerto y sus casas de madera antiguos almacenes de pescado, pintadas de colores pálidos pero llamativos forman calles estrechas, húmedas y ventosas; pavimentadas unas de madera y otras de adoquines ya desgastados por el paso del tiempo. Adentrándose por los callejones, ‘Smau’, permiten tocar los extremos de las casas extendiendo los brazos.

Pescadores embutidos en sus trajes color naranja, ofrecen una postal de otro tiempo y un fresquísimo pescado recién capturado en el mar o en las granjas de acuicultura de donde obtienen las mejores truchas del mundo, de carne asalmonada de mucho sabor y textura que refleja una crianza en aguas frías y entre corrientes que marcan su musculatura.

No puede perderse una excursión en barco que sale del mismo puerto de Bergen, un paseo impactante, casi sobrecogedor entre paredes descomunales, verdaderas empalizadas que parecen cerrarse sobre el barco que avanza entre el enorme desfiladero.

La gastronomía del país centrada en la pesca y la acuicultura, está avanzando y modernizándose con chefs jóvenes que están realizando una gran labora para realzar su cocina antaño clásico y de mucha caloría.

El mercado de pescado, antaño descubierto, hoy se protege en un edificio acristalado en el mismo puerto y ofrece no solo buen producto fresco sino un par de sitios donde tomar buen pescados de las capturas del día, preparado a la plancha o en sushi y que pueden disfrutar protegidos por la cristalera frente al puerto observando el mar que se torna de reflejos de plata cuando recibe el sol.

1877 es uno de los mejores restaurantes de la ciudad de ambiente desenfadado,  se ubica en un antiguo edificio del puerto, y en el que un equipo muy joven realiza su trabajo con verdadera pasión o mejor dicho su pasión la hacen trabajo. En la cocina realizan un gran trabajo con preparaciones actuales y modernas, frescas de recetas clásicas que consiguen realzar la calidad de sus increíbles pescados y mariscos. Excelente también el servicio de sala, ajeno a cualquier encorsetamiento, muy bien formados, saben explican con detalle y de forma convincente los ingredientes y la elaboración de cada preparación, así como cada uno de los vinos con que combinan cada plato del menú. Sorprendente el aperitivo de pan con manzana hecho por ellos mismos y que acompañan de una increíble y ligera espuma de mantequilla. La trucha del Mar de Noruega es un producto principal y exquisito que cuidan con el mimo que merece un producto relativamente nuevo pero de excepcionales cualidades, un pescado delicado pero de gran fuerza y que preparan en un exquisito tartar

Para dormir, una recomendación, el Hanseatiske Hotel, un edificio calificado por la Unesco como Patrimonio Mundial. Remodelado, antiguamente fueron dos casas de ricos comerciantes del siglo XVIII, que ahora se unen y decoran de forma imaginativa, pero manteniendo la tradición y el sabor del viejo puerto de mar que le incorporó al mundo.

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