La ciudad más antigua de Europa parece haber perdido la memoria de su viejo esplendor, de un pasado glorioso ya olvidado tras de sí. Sin embargo, Atenas aún mantiene orgullosa sus más de 3.000 años de historia, coronados desde lo alto y desde siempre por la Acrópolis. Una ciudad de contrastes, de grises bloques de cemento propios de cualquier suburbio y algunas de las más bellas piezas arquitectónicas de la historia; tráfico caótico y encantadoras zonas peatonales con deliciosos rincones por los que pasear. Atenas es el reflejo de un país que dio a luz al Viejo Continente y ahora juega entre tinieblas de las que trata de salir.

La Plaka, el barrio más antiguo y encantador de la ciudad, remonta callejuelas empedradas y empinadas por la falda de la colina que lleva hasta el templo más universal de todos, la Acrópolis. En el recorrido hacia arriba encontramos cientos de pequeñas tiendas que en tiempos vendían cuero y hoy pequeños recuerdos, se alinean junto a pequeños cafés y agradables terrazas en las que sentarse. En Anafiótika, la parte más alta del barrio, encontramos pequeñas casas más propias del Egeo. Una tienda muy especial Byzantino, un pequeño negocio familiar que ha traspasado fronteras, haciendo réplicas únicas de joyas antiguas.

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La Acrópolis, es el complejo más representativo de la historia clásica de Europa, erigido bajo el reinado de Pericles, e interpretado magistralmente por Fidias. El Partenón, su buque insignia; el Erecteión, desde cuya tribuna las Cariátides observan la ciudad; el templo de Athenea Nike y el Museo de la Acrópolis, junto al teatro de Dionisos, el más antiguo del mundo; y algo más allá, el antiguo Ágora, y el complejo de Cerámico; completan nuestra imagen del esplendor griego.

Atenas como ciudad es un gran museo en si misma, pero hay un lugar que guarda las antigüedades más importantes del Arte de la Grecia Clásica y que bien merece una extensa y detallada visita, el Museo Nacional de Arqueología. Visite el vibrante mercado central, Varvakios Agora, rezuma realidad y color. Aquí compra la gente corriente, la que subsiste y la que trata de sobrevivir. Las verduras, la carne y el pescado tienen alma, parecen vivos aún. Increíbles aceitunas en todo tipo de salazones.

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Pero donde mejor podemos tomar el pulso a la ciudad, es en el trepidante barrio de Metaxourgeio, donde conviven comerciantes chinos e inmigrantes africanos, junto con una clase más bohemia propietaria de galerías de arte y cafés que han transformado, animado y dado otro colorido a sus calles.

Para cenar, en Mykrolimanos, el hermano pequeño del Pireo, donde hace años solo había pequeños y estupendos restaurantes de buen pescado que peleaban por sentarte a su mesa, y donde negociabas los platos, el vino y el precio, hoy han subido su caché. Plous Podilatou, un restaurante familiar, para cenar excelente pescado a un precio muy ajustado y al mismísimo borde del mar. En el Pireo, en el restaurante Varoulko, una estrella Michelín, el mejor pescado preparado de forma exquisita, aderezado por increíbles vistas de la Acrópolis.

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Para dormir, el fabuloso Hotel Grande Bretagne, disfruta de su azotea, la mejor terraza de Atenas.
A treinta minutos de Atenas, desde el templo de Poseidón, en Cabo Sunión, el sol se esconde tras el horizonte inflamando el mar y creando una espectacular puesta de sol. Difícil resistir la tentación de invitarnos a realizar una excursión en ferry a Hydra, y probar su excelente marisco en el viejo puerto repleto de cafés y restaurantes junto al mar.

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